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Dennis Schroder, racismo y tragedia rumbo al estrellato

A Dennis Schroder (Brunswick, Alemania, 29 años) siempre se le ha juzgado por su carácter volcánico y calidad a raudales sobre la cancha. El base de los Toronto Raptors y líder de la histórica selección alemana, que acaba de alzar su primer Mundial en Manila, es un gran desconocido más allá de los pabellones. Su historia, sin embargo, esconde grandes lecciones de vida, desde la superación de la tragedia hasta la batalla contra el racismo.





El recién coronado MVP de la Copa del Mundo, heredero de la distinción de Ricky Rubio en China 2019, empezó a tomarse en serio el baloncesto con 16 años a raíz de la muerte de su padre. Por aquel entonces hacía un poco de todo, aunque su pasatiempos favorito era el skate en el parque con la música a todo trapo.



Su progenitor había tenido una conversación seria con él hacía apenas una semana. El baloncesto podía ser su vía de escape, la manera de buscar un futuro mejor para él y su familia. Esa charla entre padre e hijo la encontró el adolescente Schroder en una carta dentro de un cajón un día después de que le fallara el corazón a su padre. “Todo cambió después de eso”, recordaba hace unos años durante una charla con Bleacher Report.



Axel, el padre, estaba de vacaciones en Banjul, capital de Gambia, cuando se enamoró de su madre, Fatou Njie, estilista en una peluquería cercana a uno de sus restaurantes favoritos en el país africano. Al cabo de un año, la pareja se reunió de nuevo aprovechando una visita a una hermana emigrada a Dinamarca y allí empezó la historia del pequeño Dennis. Ya casados y establecidos en Brunswick, una ciudad industrial de Baja Sajonia, al norte del país, pronto tuvieron a su primogénito.



Schroder creció junto a sus dos hermanos mayores, Awa y Che, en una escuela donde eran los únicos niños negros entre 800 alumnos. Apareció enseguida el componente racista en su vida, un hecho que ha arrastrado también en su exitoso periplo por Estados Unidos. “Mira, es negro, tiene suciedad por todo el cuerpo”, recuerda escuchar durante su infancia. Las gradas, en varias ocasiones, no fueron mucho más amables. Tampoco la policía. 



En Los Ángeles, mientras jugaba con los Lakers la temporada pasada, varios agentes le dieron el alto y le acusaron de haber robado su propio vehículo, un lujoso y reluciente Cadillac. “Parecía un criminal, fue una locura”, explicaba sobre aquel episodio. Llegaron a esposarle hasta que lograron aclarar el asunto con la constante amenaza de las pistolas listas para ser usadas.



Rebelde con causa

Schroder siempre ha destacado sobre el parquet por su estilo canalla y su correoso carácter. No huye ninguna pelea dialéctica y es dado a las opiniones fuertes y directas. Un ejemplo de ello fue la bronca que tuvo con el seleccionador alemán en un tiempo muerto contra Eslovenia. Este le mandó sentarse y reposar, pero él dijo que no. Y le desafió ante todos sus compañeros: “¡Tú así no me tocas!”. 

En la previa al campeonato, el base provocó un terremoto al acusar a Maxi Kleber, uno de los jugadores preseleccionados por la federación alemana, de falta de compromiso con el combinado nacional. Ofendido por el ataque directo, el interior de los Dallas Mavericks decidió renunciar a participar en el campeonato, ahora una anécdota más sobre el camino hasta el mayor éxito del baloncesto teutón masculino.

Schröder se ha operado de un dedo y se perderá varias semanas de la NBA

Schroder, con su característico corte de pelo durante su etapa como Laker

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La actitud de Schroder viene alimentada por su madre, que desde bien pequeños les recordó a sus hijos que deberían “hacer más”, “ser mejores que los demás” si querían triunfar en la vida. Ella le animó a teñirse de rubio para destacar. Él no quiso ir tan lejos y se dejó un parche en el lado izquierdo que ha abandonado para su look mundialista. Quizás ya no lo necesita para ser reconocido, por fin, con todas sus aristas y complejidad.

Schroder ha renunciado a contratos millonarios por orgullo, aunque ahora goza de cierta estabilidad tras firmar por dos temporadas y 26 millones de dólares con los Toronto Raptors. Su estallido como líder en el Mundial, después de la decepción por el bronce europeo el curso pasado, puede preceder a un año de reivindicación en la NBA.

Un torbellino sobre la pista

Schroder ha despuntado con Alemania con promedios de 19,1 puntos, 2 rebotes, 6,1 asistencias y 1,4 robos de balón en este Mundial. Le ha valido para llevarse el oro y el MVP, el mejor momento de su trayectoria profesional plagada de baches. “Ha sido un largo camino, llevo aquí, con la selección, 10 años. Ganar este oro es una bendición, también el poder compartirlo con todo el vestuario, mi familia que vino desde Alemania, es increíble”, decía después de levantar el título.

“Como jugador, se formó a base de cintas callejeras de And1 y mixtapes de Youtube. Le encantaba ver a Chris Paul, Mike Conley y Tony Parker, eran los jugadores que más le gustaban de la NBA cuando crecía y soñaba con alcanzar el sueño y cumplir con la visión de su padre. 

Lo hizo en 2013, cuando fue elegido con el número 17 del Draft por los Atlanta Hawks, donde ha pasado gran parte de su trayectoria profesional. Aunque nunca se fijó demasiado en su juego al no compartir posiciones, desde su desembarco en Estados Unidos la figura de Dirk Nowitzki ganó en importancia. “Cuando llegué a la liga me dio su número y me dijo que le llamara para cualquier cosa que pudiera necesitar”, recordaba este domingo.

Schroder ha superado el bronce mundialista que Nowitzki logró con Alemania en 2002, hasta ahora el mejor resultado de la historia del combinado masculino. El base de 1,85 metros tocó techo en la liga estadounidense en 2018, cuando promedió 19,4 puntos y 6,2 asistencias en su última temporada en Atlanta. De allí pasó a los Thunder, donde siguió desarrollando un buen juego sin terminar de dar el salto a la siguiente categoría.

Su gran oportunidad en un mercado notable llegó con los Lakers de la temporada 2020-2021, siendo el base titular que acompañó a LeBron James y Anthony Davis en la campaña posterior al último campeonato angelino. Rechazó ese verano una extensión de 84 millones y cuatro temporadas, estimando que su valor debería ser superior. En la agencia libre no encontró la oferta deseada y terminó yéndose a Boston por tan solo 6 millones y un año de contrato.

Mike Budenholzer, su primer técnico en la NBA, dio quizás la definición más certera de Schroder sobre la pista. “Es un chico muy competitivo, inquieto, y eso puede jugarte a favor y en contra. Pero si hay que apostar en alguien, ese es él”, decía el exentrenador de Hawks y Bucks. Austin Reaves, otro jugador hecho a sí mismo, rival en las semis con el Team USA, espero a su excompañero en los Lakers a la salida del vestuario alemán. “Hay que sacarse el sombrero ante él”, comentaba.

Después de terminar en Houston traspasado, el curso pasado volvió a los Lakers y fue una vez más pieza clave en la rotación, aunque con un impacto lejano a sus mejores años. Una vez más, decidió despedirse de Hollywood y buscarse la vida en otro lado, y en Canadá espera encontrar ahora el marco ideal para consolidarse como estrella a tener en cuenta de aquí en adelante. 

Los precedentes no son alentadores, ya que los últimos MVP de grandes torneos internacionales han sido más bien ninguneados en la liga: Willy Hernangómez está de vuelta a Europa con el Barça después de chupar banquillo tras ser proclamado MVP del Eurobasket en 2022, y Ricky Rubio, baja indefinida por motivos de salud mental, no ha vuelto a ser el mismo por culpa de las lesiones desde su premio en el Mundial de China de 2019.

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